El Cuidador

“El Cuidador”: La esperanza del futuro en un mundo donde buscamos encajar

Ver la puesta en escena de Mikhail Page “El Cuidador” del ganador del Premio Nobel de Literatura 2005, Harold Pinter después de 2 años, sí que fue emocionante por diversos motivos personales (que no vienen al caso anotar aquí), pero también porque fue la comprobación de la frase “La función debe continuar”, debido a que la obra fue suspendida a puertas de estrenarse a causa del inicio de la pandemia del coronavirus.

“El Cuidador” escrita en 1959 y considerada una de las obras más exitosas del autor inglés, tiene una vigencia absoluta, sobre todo si reflexionamos de cómo es la forma que en los seres humanos nos estamos relacionando entre sí y nos cuestiona sobre hacia dónde vamos como sociedad.

La puesta en escena, que ya se encuentra en sus últimas funciones, es protagonizada por el inacabable Alberto Isola, quien cumple 50 años de trayectoria; Eduardo Camino, quien hace la interpretación del año con su inolvidable Aston y el talentoso y carismático Óscar Meza, quien dan vida a tres singulares seres: Davies, Aston y Mick respectivamente.

Conversamos con el excelente actor Eduardo Camino, después de un buen tiempo, y en una amena charla descubrimos más cosas de “El Cuidador” que se deben descubrir de forma presencial en el teatro Británico.

¿Qué es “El Cuidador” para ti?

“El Cuidador” es una obra rara, los personajes son raros y la situación absurda, pero que produce comicidad y drama al mismo tiempo. Y es en tal dinámica que esa rareza puede hacernos pensar que nos aleja del público, pero, por el contrario, puede hacer que se identifiquen con alguno de los personajes. Lo que demuestra que hasta el más raro, siniestro, bondadoso o particular de los seres de la obra tiene una raíz humana que nos conecta a todos porque pasamos por esos sentimientos, y estados mentales, psicológicos y sentimentales.

¿Cómo describes a tu personaje, Aston?

Para empezar le pondría unos diez años menos de los que tengo (45 años), pero no me he puesto a pensar realmente en eso, a pesar de que el autor lo ubica entre los 30. Es un treintón, y ¿qué significa eso para mí?, la verdad nada porque me siento lo suficientemente joven para hacer este tipo de personajes.

Pero sí implica algo más. El hecho de que tiene una juventud desperdiciada, frustrada debido a que es alguien que ha recibido un golpe, un trauma que hicieron que sus posibilidades de haber crecido, formado una familia, de reforzar los lazos familiares que tiene con su hermano y su madre ya no sean posible. Su futuro colapsa y lo deja estéril.

¿Cómo fue el proceso para convertirte en Aston?

Con Micky Page, el director, conversando en algún momento, me alcanzó esta idea: ¿qué pasaría si Aston si en vez de tener cierto perfil mental raro, ciertos problemas de atención, de qué sea un caso general más; fuese tierno, pero con un comportamiento raro con algún déficit o con un talento especial?

Recogí esa idea para hacer sentir al espectador que hubo algo que se marchitó en él, que pudo ser hermoso, productivo e incluso un aporte a la humanidad, pero que no se dio porque hubo otro ser humano deteniéndolo, atacándolo, frustrándolo, incluso siendo cruel, no mostrando compasión ni empatía con él. Pero aun así, Aston nunca deja hablar de la esperanza, del futuro.

¿Cómo se enfrenta Aston al mundo exterior y a su propio mundo?

Cada personaje tiene distintas estrategias para sobrevivir y enfrentarse a su mundo y al mundo exterior. En Aston la generosidad, la ingenuidad, la bondad es un defecto porque la gente se puede aprovechar de uno, pero es su estrategia para sobrevivir e intentar crear vínculos.

“El Cuidador” apela tanto lo que corresponde a un conserje o un vigilante, a cuidar un espacio y a los objetos que hay en él; pero también es el que cuida a otra persona. Los tres personajes son cuidadores porque eso es lo que sucede en la obra.

Aston por su parte, acoge a Davies e intenta cuidarlo, a pesar de que él mismo siente que no está tan cuidado por su hermano Mick y por eso tal vez intenta crear otro núcleo, esto teniendo en cuenta que él mismo confiesa en la obra que teme estar con la gente, por lo que le pasa. Por eso es peligroso sociabilizar para él.

¿Por qué al ser humano se le es tan difícil coexistir con el otro?

Davies empieza a aprovecharse de Aston porque él se lo permite. Esta obra habla mucho de los límites y la convivencia, de cómo toleramos al otro. Pero también de la territorialidad y en este concepto podemos incluir no solo territorio, sino también naciones y la inmigración, porque la obra está totalmente ligada a eso.

Pero en el plano más íntimo, familiar y personal, los seres humanos tienen la idea que para sobrevivir tenemos que ser responsables de ponerle límites al otro. Y en la obra Aston no los pone, por el contrario, es una carta abierta y le ofrece a Davies total libertad y esto es aprovechado por él, quien tiene una naturaleza totalmente salvaje, depredadora e invasora que avanza hasta maltratarlo.

Aston tiene siempre una actitud sumisa, servicial y pasiva; todo lo contrario a Mick, el hermano, quien desde un primer momento le deje en claro a Davies quien es el que manda ahí, constituyéndose todo un juego de poder, un estatus de dominio; que son las cosas que uno pone en juego cuando se relaciona con otro.

Creo que convivir con otra persona, con otro país, con gente que puede no coincidir contigo culturalmente es un reto para todos y Harold Pinter lo plantea de forma genial en su obra, polarizándolo en tres partes, con las cuales nos invita a ver el vacío y la desesperanza de esa convivencia para que podamos sacar finalmente algo feliz.

La escenografía es otro personaje y es otro gran trabajo tuyo…

Lo que marca el concepto escenográfico de la obra tiene que ver con la mirada que tenía Micky (Page) de cómo hacer la obra, donde conceptualizarla, ambientarla. Entonces, sigue siendo Londres, pero ya no se trata de los años cincuenta, en un distrito industrial, en la periferia de la ciudad; sino de un lugar, un barrio, un suburbio que cuando leía el texto lo soñaba con la imagen que tenemos de Londres con la neblina y el frío.

Creo que los personajes de la obra ya viven en sí en una frialdad. Los corazones de los habitantes de esa ciudad se han congelado debido a la industrialización y la guerra que los ha hecho sensibles. ¿Cómo capturar eso y hacerlo relevante en estos tiempos?

Para eso se decidió no hacerlo en la actualidad, pero sí en un futuro no muy lejano, que puede ser el 2034 o 2037 y en donde las cosas han ido de mal en peor debido a las consecuencias del Brexit (salida del Reino Unido de la Unión Europea). Es verdad, es una mirada pesimista, pero que puede ser posible. Quisimos reflejar qué pasaría con el derecho de los inmigrantes, con las pandemias que se podrían dar después de la COVID-19 y los resultados de la guerra Rusia vs. Ucrania, donde el mundo empieza a ser una amenaza nuevamente.

Haciendo una investigación previa para la escenografía, descubrí que en algunos países desarrollados de Europa muchas personas se concentraban en las periferias de las ciudades, en containers o campos y depósitos donde los inmigrantes se instalaron ahí con la intención de que sea temporal, pero que finalmente se quedaron a vivir ahí, donde también hay mucha chatarra… La escenografía nos ayudó a contar cuán desamparados están los personajes.

Cambiando de tema, ¿qué tipo de actor se considera Eduardo Camino?

Me gusta la idea de considerarme un actor en movimiento -aunque eso sea quizás redundante- un actor que no se conforma y que continuamente le provoca buscar, explorar y acercarse a rincones que todavía están oscuros. Como actor estoy presente en cada escena, ensayo y función. Ese el tipo de actor que admiro y que me gustaría ser con el tiempo, que pueda yo mismo identificarme con esa descripción y ser reconocido también por eso.

¿Por qué no debemos perdernos “El Cuidador”?

“El Cuidador” se tiene que ver porque es una obra única, con un texto único y desconcertante, donde los personajes no dicen ni exponen lo que realmente piensan de forma directa. El público tiene que escucharlos atentamente para acercarse a ellos, dejarse intrigar y empezar a fascinarse con esa rareza y extrañeza, a veces cómica y otras tantas dramáticas.

Y efectivamente eso es “El Cuidador” una fascinante mezcla de comedia y drama, al igual que la vida. Misma. Es una gran puesta en escena, con un gran trabajo de dirección y actuación. En donde la escenografía, iluminación y música no solo son acompañantes, sino que juegan su propio papel; y en donde sobre todo Eduardo Camino nos presenta una extraordinaria interpretación como Aston haciéndonos sentir y saber que la humanidad no está perdida del todo, que todavía hay gente buena que lucha individualmente para un futuro mejor, a pesar de las diferencias y las fronteras que nos solemos poner los unos a los otros.

El “Cuidador” todavía se puede ver hasta el 24 de julio:

  • Jueves, viernes y sábados a las 8:00 p. m.
  • Domingos a las 7:00 p. m.

En el teatro Británico, Bellavista 527 – Miraflores. ¡No se le ocurra perdérsela!

El Cuidador

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